Junio 1, 2000
Los espacios no están desprovistos de intención. Las ciudades, los edificios y el transporte se conforman de acuerdo a las necesidades de sus miembros económicamente activos.
Las personas con movilidad o comunicación reducida, discapacitadas temporal o permanentemente, son afectadas para el normal desarrollo de sus actividades diarias en su movilidad y acceso y no logran incluirse en el sector productivo.
Los espacios urbanos, edilicios y del transporte deben planearse y construirse de modo que puedan ser utilizados por toda persona tenga o no reducidas sus posibilidades de movilidad o de comunicación. Nuestra sociedad debe liberarse de obstáculos físicos para la integración del conjunto procurándose para sí, espacios donde podamos todos desarrollar nuestro potencial social y personal.
Los espacios laborales deben poder ofrecer puestos de trabajo a personas con capacidades diferentes. Al respecto, la ley argentina sostiene que los edificios de uso público deberán ser accesibles para las personas de movilidad reducida, y además, señala que los edificios industriales y comerciales deben ser aptos para el trabajo de personas con movilidad reducida.
Quienes encarguen nuevas obras o remodelen las existentes, y los profesionales a quienes las encomienden, deberán considerar en sus proyectos aspectos de accesibilidad que hasta el momento no son tomados en cuenta.
Se deberán considerar los itinerarios completos dentro de los edificios. Deben disponerse lugares adecuados de estacionamiento o detención de vehículos en zonas próximas a los accesos, adecuar al menos un acceso al interior del edificio libre de barreras arquitectónicas, asegurar los desplazamientos internos horizontales y verticales, contar con sanitarios adaptados y además, mediante equipamiento adecuado deberá permitirse la ejecución de tareas a los trabajadores con discapacidad.
Contrariamente a lo que se cree la mayor parte de los conflictos para la integración laboral surgen de la falta de previsión, la mala configuración de los espacios o los puestos de trabajo y por la utilización de muebles poco funcionales antes que por la discapacidad del usuario.
Los accesos a nivel, o salvados mediante rampas de suave pendiente evitan la instalación de costosas plataformas salvaescaleras, Dimensiones adecuadas de ascensores, puertas o circulaciones facilitan el desplazamiento y uso de personas independientemente de sus problemas de movilidad. Muchos de los espacios o elementos de trabajo utilizados en las oficinas por su versatilidad requieren de adaptaciones mínimas.
En equipamiento de oficina, por ejemplo, se debe poner al alcance del usuario los elementos de trabajo necesarios, y son útiles para un conjunto amplio de personas las mesas con posibilidad de ajustar la altura, los cajones separados, los elementos móviles para ubicar pantallas de ordenador, los sistemas modulares para puestos de trabajo, etc.
Las mejoras a la accesibilidad de los espacios y equipamientos redundan en beneficio de todos, en la mayoría de los casos son simples, especialmente si se prevén desde el diseño inicial o se cuenta con el asesoramiento de profesionales especializados en éste campo.
Se puede hacer de la arquitectura accesible un instrumento para la integración.
Publicado en www.e-nicio.com el 16-05-00 Daniel Low, Gustavo Bennun.
