Noviembre 2, 2005
Los museos son lugares de obligada visita para todas aquellas personas que aprecian el conocimiento o disfrutan del arte. Esto, por supuesto, incluye a personas con limitaciones de percepción o movilidad producto de su edad avanzada o discapacidad.
Garantizar a toda persona que lo desee la posibilidad de visitar los espacios, orientarse y comprender el material expuesto es una tarea con la que, afortunadamente, se comprometen muchos de los responsables de los principales museos del mundo y poco a poco comienza a ganar espacio entre nuestras autoridades locales.
Sin embargo, aún, muchos desarrollos a nuevo o intervenciones en edificios existentes subestiman la importancia de estas mejoras, o desconocen su complejidad con pobres resultados.
Las exigencias mínimas de nuestras normas de accesibilidad son insuficientes por sí mismas para ofrecer garantías y proveer el marco de seguridad que los grupos de mayor vulnerabilidad requieren, o apenas alcanzan este único punto sin mejorar su experiencia y satisfacción en la visita.
Así mismo, el valor patrimonial del inmueble que muchas veces aloja esta actividad, exige intervenciones de diseño transparente, reversibles o integradas plenamente al conjunto y puestas al servicio del valor y calidad del edificio.
Quienes se excusan en el valor patrimonial para negarse a resolver con idoneidad esta cuestión desconocen innumerables ejemplos en donde la accesibilidad ya es un hecho, descreen del valor del diseño para hacerlo con calidad, o desconocen que no basta mantener en pie al patrimonio, sino que éste debe conservarse vivo, funcional y operativo para una sociedad que crece y cambia.
